
Piedras sagradas en triste orfandad/ nada perturba del bosque la paz/ tan sólo el eco parece cantar/ en notas que evocan fervor monacal/ Salve Regina/ Salve Regina/.... Rugió la tormenta/ pasó el vendaval/ fiera en ti/ se ensañó sin piedad.... Esta composición de Las Ruinas del Monasterio, de Sthlele, da pie para historiar el auténtico origen del Coro de Voces Graves Los Templarios de Castro Urdiales, pues nuestra agrupación toma su nombre del castillo de esta orden ocupado por monjes y caballeros penitentes, en la pedanía castreña de Allendelagua allá por el siglo XIII. Cuenta la narración que vamos a relatar que todavía, hoy en día, en las noches de tormenta en estas faldas del monte Cerredo, dicen, se escucha una voz del averno que repite en lastimoso susurro "estoy condenado, estoy condenado". Esta es la historia y la exposición de los supuestos acontecimientos.